HISTORIAS DEL MÁS ACÁ
martes, 24 de agosto de 2010
Las ideas escatológicas se encuentran reflejadas desde tiempos remotos en la Biblia como un elemento de doctrina religiosa que determina los destinos del mundo para el momento del Apocalipsis. Sus fundamentos se basan en las tensiones ocultas entre el bien y el mal. Estas inclinaciones procedentes de las profundidades del mundo de ultratumba, se nutren de los conflictos de clase, en tiempos de crisis sociales y políticas.
ESE DIA EN QUE MORÍ
Bueno, de momento nadie puede asegurarme que existe un más allá. Nadie ha venido a contármelo. Mis amigos saben que a mi, estas cosas, me dan un "yuyu" de cojones hasta el día 9 de marzo de este 2010.
Esa mañana mantuve una conversación telefónica con una amiga. Durante la misma, comencé a sentir mal. Un dolor muy fuerte en el abdomen me subía hasta el pecho facultándome la respiración. Por un momento pensé que eran gases acumulados y tuve que dejar la conversación ya que, el dolor, se trasladó ala espalda y al brazo derecho. Me dieron nauceas y un vértigo acompañado de un sudor frío que no era normal.
Así aguanté hasta que llegó mi esposa que al verme en la situación en la que estaba se asustó. Le dije que me dolía el pecho y el brazo y que me faltaba aire. Ella llamó a los servicios de urgencia que llegaron con suma rapidez.
Mi estado en ese momento era de ingravidez mental. No me estaba enterando de nada aunque veía y oía lo que decían. Por lo visto me estaba dando un infarto agudo y por su gravedad decidieron llevarme a un centro hospitalario. Por un momento perdí la noción del tiempo y del espacio. Es decir, estaba en mi casa y aparecí en una ambulancia.
En el trayecto, me hablaban pero solo escuchaba un eco y el "pi" del electro que me habían colocado. Transcurrido un tiempo, dejo de dolerme todo. Me sentí muy bien y oía una voz que decía, se nos va. Se nos va. El "pi" intermitente que yo escuchaba, se convirtió en un "pi" continuo. Según los médicos, me dieron cargas con los desfibiladores al objeto de reanimar mi corazón pero fue inútil... Entonces escuche una voz que preguntaba la hora de la muerte.
En ese momento, no me sentía mal, todo lo contrario, era una sensación de paz como jamás la había sentido. Y lo más curioso es que me veía a mi mismo desde un plano horizontal, tal como si estuviera mirando a un espejo.
Cuando llegamos al hospital, me metieron en quirófano, iban a intentar reanimarme con cargas y una inyección directa al corazón. Esa sensación de paz se convirtió de nuevo en dolor y a golpe de cachetadas, me llamaban y me preguntaban por mi nombre.
No se exactamente que fue lo que me pasó. Según el parte de defunción que cubrieron en la propia ambulancia, donde explicaba el motivo de mi muerte y la hora en la que se produjo, yo estuve muerto durante 9 minutos. Electro y encefalográma plano completamente. Me llevaron a quirófano con la esperanza de que me hiciera efecto la inyección esa que me metieron directamente al corazón y los desfibriladores. Es decir, que lo que estoy contando está contrastado clínicamente. Desde ese día, mi vida ha cambiado. Y digo "mi vida", porque creo que le tengo más miedo a esta que a la muerte.
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